¡Caos tras las máscaras! El Carnaval de Santo Domingo Oeste entre la improvisación, el silencio y la posposición que nadie explica
Cada año, el carnaval debería ser una de las expresiones culturales más vibrantes de Santo Domingo Oeste. Comparsas, personajes tradicionales, música y color se mezclan para celebrar la identidad de las comunidades. Sin embargo, lo que debería ser una fiesta de cultura y organización se ha convertido, en muchos casos, en un escenario de improvisación, falta de transparencia y poca planificación.
Durante este año se han celebrado distintos carnavales comunitarios en el municipio. Sectores como Herrera, Las Palmas, Bayona, Hato Nuevo y Manoguayabo han intentado mantener viva la tradición carnavalesca, muchas veces más por el esfuerzo de gestores culturales y comunitarios que por una política cultural sólida de las autoridades municipales.
Pero detrás del maquillaje, los trajes y la música, crece una preocupación cada vez más evidente: la ausencia de planificación y la falta de transparencia en la organización de estos eventos.
Uno de los reclamos más recurrentes entre gestores culturales y comunitarios es el escaso apoyo del ayuntamiento de Santo Domingo Oeste, que en teoría debería ser un actor clave para fortalecer y organizar estos espacios culturales. Muchos carnavales se realizan prácticamente con esfuerzos voluntarios, patrocinios privados y aportes comunitarios, mientras la municipalidad parece mantenerse al margen o con una participación poco clara.
La falta de rendición de cuentas también se ha convertido en un tema sensible. En varios de estos carnavales no existe información pública clara sobre cuánto dinero aportan los patrocinadores, cómo se administra ese dinero y qué sucede con los fondos que sobran después de los eventos. La cultura no puede gestionarse desde el secretismo; por el contrario, requiere transparencia para mantener la confianza de la comunidad.
Sin embargo, el caso que más comentarios ha generado recientemente es el del Carnaval de Manoguayabo.
El Carnaval de Manoguayabo, como todo carnaval, siempre ha tenido su dosis de espectáculo: comparsas llamativas, tarimas musicales y una comunidad que se vuelca a las calles para celebrar. Pero este año el espectáculo parece haber salido del escenario para instalarse en la organización misma del evento.
Hace poco se anunció la posposición del carnaval, una decisión que ha dejado a muchos comunitarios, comparseros y patrocinadores con más preguntas que respuestas. Lo preocupante no es solo la posposición en sí algo que podría ocurrir por múltiples razones sino la ausencia de una explicación clara, objetiva y transparente sobre qué ocurrió realmente.
¿Problemas logísticos?
¿Falta de recursos?
¿Desacuerdos organizativos?
Hasta ahora, las respuestas han sido vagas o inexistentes.
A esto se suma otra inquietud que circula entre miembros de la comunidad: la municipalidad y muchos ciudadanos desconocen en qué se invierte el dinero aportado por los patrocinadores, así como qué ocurre con los fondos que quedan luego de la realización o en este caso la suspensión del evento.
Cuando un carnaval se convierte en una actividad que involucra recursos privados, apoyo comunitario y expectativas culturales, la transparencia deja de ser opcional y pasa a ser una obligación.
Los carnavales de Santo Domingo Oeste tienen un potencial enorme. Son espacios donde convergen la identidad barrial, el arte popular y el orgullo comunitario. Pero si continúan organizándose entre improvisaciones, silencios administrativos y falta de rendición de cuentas, corren el riesgo de perder la credibilidad y el apoyo de la misma comunidad que les da vida.
El carnaval no debería ser un misterio detrás de las máscaras.
La cultura merece planificación, respeto y transparencia. Y sobre todo, merece respuestas claras.

