Financiamiento climático: la República Dominicana construye la arquitectura de un nuevo modelo de desarrollo

Por Víctor de los Santos
Maestría en Contabilidad Fiscal, Gestión Medioambiental y Contaminación

Durante los días 24, 25 y 26 de junio, Santo Domingo fue escenario del seminario "Estrategia de Financiamiento para Mitigar los Impactos del Cambio Climático", una iniciativa organizada por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, bajo el liderazgo del ministro Paino Henríquez y la viceministra de Cambio Climático y Sostenibilidad, Ana Emilia, junto a un equipo técnico que demostró una clara visión estratégica sobre uno de los mayores desafíos que enfrenta la República Dominicana.

El encuentro reunió a representantes de la banca nacional, el sector empresarial, universidades, organismos internacionales, instituciones públicas y especialistas nacionales e internacionales para debatir sobre un tema que hoy resulta determinante: cómo acceder de manera más eficiente a los recursos financieros que permitan enfrentar los efectos del cambio climático.

Más que un seminario, el evento marcó el inicio de la construcción de una nueva arquitectura institucional, técnica y financiera orientada a identificar, estructurar y desarrollar proyectos con capacidad de captar fondos nacionales e internacionales destinados a la mitigación, la adaptación y el fortalecimiento de la resiliencia climática.

La urgencia es evidente. Las pérdidas económicas provocadas por fenómenos extremos, la degradación de los ecosistemas, la vulnerabilidad de las cuencas hidrográficas, el aumento del nivel del mar y la mayor frecuencia de sequías e inundaciones obligan a replantear la forma en que el país financia su desarrollo. El desafío ya no consiste únicamente en reconocer la existencia del cambio climático, sino en diseñar proyectos técnicamente sólidos, financieramente viables y alineados con los estándares exigidos por los organismos multilaterales y los mercados internacionales.

Durante las jornadas se abordaron temas como los instrumentos de financiamiento verde y azul, los bonos verdes, las finanzas regenerativas, la seguridad hídrica, la economía circular, la innovación para la acción climática y el papel del sector privado. Sin embargo, tres conceptos sobresalieron como pilares del modelo que comienza a consolidarse en el país: la actualización de la Contribución Nacionalmente Determinada (NDC 3.0), la futura Taxonomía Verde y la valoración del Capital Natural.

La Contribución Nacionalmente Determinada (NDC) constituye el principal compromiso que cada país presenta ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en el marco del Acuerdo de París. En ella se establecen las metas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, fortalecer la adaptación y avanzar hacia un desarrollo con bajas emisiones y mayor resiliencia.

La versión NDC 3.0 representa una actualización de esos compromisos mediante objetivos más ambiciosos, mejores indicadores de seguimiento y una mayor integración entre las políticas ambientales, económicas y sociales. En términos prácticos, se convertirá en la hoja de ruta que orientará las inversiones públicas y privadas vinculadas a la acción climática durante los próximos años.

Otro de los instrumentos llamados a transformar el financiamiento ambiental es la Taxonomía Verde, una herramienta que permitirá establecer un lenguaje común entre el Estado, el sistema financiero y los inversionistas. Su función será definir, con criterios científicos y técnicos, qué actividades económicas pueden considerarse realmente sostenibles.

La importancia de esta clasificación radica en que evitará el llamado greenwashing, práctica mediante la cual proyectos sin verdadero impacto ambiental son presentados como sostenibles. Al mismo tiempo, ofrecerá mayor transparencia a bancos, organismos multilaterales e inversionistas, facilitando la canalización de recursos hacia iniciativas que realmente contribuyan a la transición ecológica.

Uno de los momentos más relevantes del seminario fue la conferencia magistral del economista dominicano Víctor Gómez-Valenzuela, quien profundizó en el concepto de Capital Natural. Este comprende el conjunto de recursos y ecosistemas que sostienen la vida y la actividad económica de un país: bosques, ríos, acuíferos, manglares, arrecifes coralinos, humedales, suelos fértiles y biodiversidad.

Estos ecosistemas generan servicios esenciales que durante décadas fueron considerados gratuitos e inagotables: abastecimiento de agua, captura de carbono, regulación del clima, protección frente a inundaciones, fertilidad de los suelos, polinización de cultivos y atractivo turístico. Hoy la economía reconoce que todos estos servicios constituyen activos productivos cuyo deterioro representa pérdidas económicas reales.

Destruir un bosque, degradar una cuenca o eliminar un manglar no solo implica un daño ambiental; significa reducir la capacidad futura del país para producir agua, alimentos, energía, turismo y bienestar. En consecuencia, proteger el capital natural deja de ser una responsabilidad exclusivamente ambiental para convertirse en una estrategia de desarrollo económico, competitividad y seguridad nacional.

Ese fue, quizás, el principal mensaje que dejó este encuentro: el cambio climático ya no puede abordarse únicamente desde una perspectiva ambiental. Se trata de un desafío económico, financiero, social y productivo que exige una planificación de largo plazo, nuevas herramientas de inversión y una articulación efectiva entre el Estado, el sector privado, la academia y la cooperación internacional.

La República Dominicana ha comenzado a construir la arquitectura institucional necesaria para acceder al financiamiento climático y responder con mayor eficacia a los retos del siglo XXI. Ahora corresponde transformar esa visión en proyectos concretos, técnicamente robustos y financieramente viables, capaces de proteger el patrimonio natural del país, fortalecer la resiliencia de las comunidades y movilizar inversiones que garanticen un desarrollo verdaderamente sostenible para las generaciones presentes y futuras.